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jueves, 11 de octubre de 2007

¿Por qué socialismo?

El individuo es más consciente que nunca de su dependencia de sociedad. Pero él no ve la dependencia como un hecho positivo, como un lazo orgánico, como una fuerza protectora, sino como algo que amenaza sus derechos naturales, o incluso su existencia económica. Por otra parte, su posición en la sociedad es tal que sus pulsiones egoístas se están acentuando constantemente, mientras que sus pulsiones sociales, que son por naturaleza más débiles, se deterioran progresivamente. Todos los seres humanos, cualquiera que sea su posición en la sociedad, están sufriendo este proceso de deterioro. Los presos a sabiendas de su propio egoísmo, se sienten inseguros, solos, y privados del disfrute ingenuo, simple, y sencillo de la vida. El hombre sólo puede encontrar sentido a su vida, corta y arriesgada como es, dedicándose a la sociedad.
La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal. Vemos ante nosotros a una comunidad enorme de productores que se están esforzando incesantemente privándose de los frutos de su trabajo colectivo -- no por la fuerza, sino en general en conformidad fiel con reglas legalmente establecidas. A este respecto, es importante señalar que los medios de producción --es decir, la capacidad productiva entera que es necesaria para producir bienes de consumo tanto como capital adicional-- puede legalmente ser, y en su mayor parte es, propiedad privada de particulares.
En aras de la simplicidad, en la discusión que sigue llamaré "trabajadores" a todos los que no compartan la propiedad de los medios de producción -- aunque esto no corresponda al uso habitual del término. Los propietarios de los medios de producción están en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en valor real. En cuanto que el contrato de trabajo es "libre", lo que el trabajador recibe está determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y por la demanda de los capitalistas de fuerza de trabajo en relación con el número de trabajadores compitiendo por trabajar. Es importante entender que incluso en teoría el salario del trabajador no está determinado por el valor de su producto.
El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas. El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población. Por otra parte, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directamente o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación). Es así extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible, para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos.
La situación que prevalece en una economía basada en la propiedad privada del capital está así caracterizada en lo principal: primero, los medios de la producción (capital) son poseídos de forma privada y los propietarios disponen de ellos como lo consideran oportuno; en segundo lugar, el contrato de trabajo es libre. Por supuesto, no existe una sociedad capitalista pura en este sentido. En particular, debe notarse que los trabajadores, a través de luchas políticas largas y amargas, han tenido éxito en asegurar una forma algo mejorada de "contrato de trabajo libre" para ciertas categorías de trabajadores. Pero tomada en su conjunto, la economía actual no se diferencia mucho de capitalismo "puro". La producción está orientada hacia el beneficio, no hacia el uso. No está garantizado que todos los que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo; existe casi siempre un "ejército de parados". El trabajador está constantemente atemorizado con perder su trabajo. Desde que parados y trabajadores mal pagados no proporcionan un mercado rentable, la producción de los bienes de consumo está restringida, y la consecuencia es una gran privación. El progreso tecnológico produce con frecuencia más desempleo en vez de facilitar la carga del trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente con la competencia entre capitalistas, es responsable de una inestabilidad en la acumulación y en la utilización del capital que conduce a depresiones cada vez más severas. La competencia ilimitada conduce a un desperdicio enorme de trabajo, y a ése amputar la conciencia social de los individuos que mencioné antes.
Considero esta mutilación de los individuos el peor mal del capitalismo. Nuestro sistema educativo entero sufre de este mal. Se inculca una actitud competitiva exagerada al estudiante, que es entrenado para adorar el éxito codicioso como preparación para su carrera futura.
Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males, el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales. En una economía así, los medios de producción son poseídos por la sociedad y utilizados de una forma planificada. Una economía planificada que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo a realizar entre todos los capacitados para trabajar y garantizaría un sustento a cada hombre, mujer, y niño. La educación del individuo, además de promover sus propias capacidades naturales, procuraría desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para sus compañeros-hombres en lugar de la glorificación del poder y del éxito que se da en nuestra sociedad actual.
Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. La realización del socialismo requiere solucionar algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?

Albert Einstein

¿Por qué socialismo? (texto completo)

viernes, 14 de septiembre de 2007

Un país llamado Salvador Allende


Definitivamente el 11 de Septiembre es una fecha que divide a los chilenos. Los divide entre perdedores y vencedores. Entre explotados y Explotadores. Los derechos fundamentales, desde los más básicos hasta los más sublimes desaparecieron un nublado martes 11 de 1973.
El número 11 nunca aparece en la simbología cristiana, a pesar de los fundamentos religiosos de los militares en su santa cruzada contra el marxismo y sus seguidores.
El 11 es una cifra Maldita, pecaminosa e incompleta, que está entre el 10 (perspectiva humana) y el 12 (perspectiva cósmica). Los Apóstoles quedaron reducidos a 11 después de la traición de Judas. San Agustín indica: El 11 es blasón (escudo) del pecado.
Desde que este país pasó a llamarse Chile, tuvo por primera vez, en toda su historia la oportunidad de hacer algo grande, noble y hermoso por todas las generaciones postergadas y maltratadas, que murieron sin poder ver una mañana distinta, bajo los gobiernos esclavistas a que fueron sometidas.
Desafortunadamente, el egoísmo, motor de la historia, pudo más. La avaricia, espina dorsal de la humanidad, pudo más.
Y entre deficiencias, desacuerdos y felonías al por mayor. La venganza de los patrones no se hizo esperar. Tres años haciéndoles perder ganancias, tres años tratándolos de tú y no de amos, fueron suficiente motivo como para que todo el rencor acumulado que tuvieron, lo depositaran en sus perros entrenados. El machete empresarial se volvió corvo militar.
Ya sabemos que todo aquel que fuese obrero, campesino, dueña de casa, indio o estudiante era marcado como ganado, o a balazos o a fierros candentes en los costados.
De cuerpo mataron a miles, y de adentros millones…
Los que sobrevivieron, se han ido muriendo, unos, poco a poco, otros, por mano propia.
Dentro de algunos años, habrán muerto los últimos sobrevivientes.
Menester es decirles que cuenten sus memorias, que anoten sus historias. Los ricos no olvidarán su gran momento, aquel 11, siempre que tratemos de lograr una vida mejor, lo invocarán.
Momentáneamente duermen los filos cristalinos de los sables desgastados a roce de carne amarrada, de esos viriles villanos, duermen.
Ya se han marchitado las hojas de los corvos de talantes mortuorios, esperando el momento preciso para florecer entre los soñadores.
Estas piedras, estos bosques, estas calles que vieron crecer las infancias truncadas, cuanto de terror llevan a título de nombres, cuanto de impunidad asqueante, que de caminos que conducen a un pasado vergonzoso, el cual intentan una y otra vez ocultar, cambiar, permutar y vender en su torpe hábito de compra y venta de ideales, sueños, utopías y quimeras.
El olor de los neumáticos quemándose es la vaho atrasado que va horadando una vez más, una vez más la oquedad que conduce a las raíces primarias de nuestra historia.
Nos llenaron de dolores prematuros, de demencia precoz abundante en el semblante generacional que se esconde en la estupidez, la frivolidad y el olvido.
Recorrían las calles, las casas, las caras, buscando llenar sus bodegas de derrotados
Y sin embargo, sólo hoy, las multitudes lloran, gritan y envuelven sus puños en rabia de recuerdos recortados a puñaladas horrorosas que trajo el horror de los ricos sobre Chile.
Los zapatos patean, huyen y marchan sobre los mismos pasos que siguieron sus hermanos años atrás.
Y hay tantos de aquellos que caminan por las alamedas indiferentes y no ven los charcos de sangre que aún destilan y tiritan nombres que ya nadie recuerda.
Tantos que no divisan esa enredadera de huesos que sube por los edificios públicos y los balcones, que va adosada de ligamentos que apuntan regimientos y entran por las ventanas pidiendo un poco de agua.
Hay de aquellos que nacieron en otro tiempo, que no supieron lo que era beber silencio, oscuridad, oscuridad, y alaridos desgarrados que atravesaban el cemento, los momentos…
¿Es cierto que mientras ellos gritaban, ustedes los ricos celebraban y brindaban?
Que callaron por años, que aún siguen callando. Primero por desprecio, después por conveniencia y por último por cobardía.
Ciertos Pueblos Originarios de América del Sur suturaban las lesiones de una forma muy especial. Unían los bordes de una herida y colocaban una hormiga o escarabajo para que los mordiera; cuando el insecto lo hacía, le retorcían el cuello rápidamente, y quedaban las mandíbulas rígidas al morir, las cabezas unían las partes abiertas y actuaban como increíbles puntos de sutura, luego el torrente sanguíneo deshacía los restos del insecto.
¿Pretenden de la misma manera curar las heridas de este Chile moreteado, mordido y herido?
Que el tronco de seres humanos que lucharon por un mundo mejor, quede cabeza abajo, escondidos, olvidados, menospreciados y asesinados, pretendiendo que nada ha pasado.
Que sólo fueron cabezas vacías de sueños, sentimientos, familias, amores y anhelos…
Imagino vuestro desencanto, ni todo el dinero del mundo puede borrar el Sacrificio de un Presidente Honesto. Lo han Intentado por años y años.
He imagino como deben odiar a aquellos que honran y siguen su ejemplo.
A pesar de todo, Salvador Allende y esos hombres anónimos que lucharon un día, se repiten una y otra vez en canciones, cuentos, poemas y versos que el mundo declama.
Para ustedes, los vencedores, sólo desprecio y vergüenza.

Andrés Bianque